El ratón Perez

Más o menos para esta época, pero hace unos cuantos años, había conseguido trabajo en una embotelladora de una gaseosa muy conocida. En ese entonces me dedicaba a la química y tenía que hacer el control de calidad del producto terminado. Básicamente, el trabajo consistía en retirar de la línea una cantidad determinada de gaseosas cada media hora y hacerles varios análisis para ver si todo iba bien. Nada fuera de lo común en esos trabajos, si no fuera porque uno de los análisis decía: “Prueba de gusto”.
- ¿Cómo hacen la prueba del gusto? -le pregunté a mi supervisor el primer día, mientras leía la lista de tareas, imaginando alguna máquina o algo parecido.
- De la única forma que se puede hacer -me respondió-. Tomando un trago.
- ¿A cada una?
- Sí
- ¿Cada media hora?
- Sí
- ¿O sea que tengo que tomar un trago de gaseosa cada media hora durante doce horas? -los turnos eran de doce horas corridas. Y aunque en una primera impresión lo de tomar un trago de gaseosa cada media hora puede parecer un beneficio, yo sabía muy bien que no lo era.
- En realidad -replicó mi supervisor- la norma recomienda hacer un buche y no ingerir el líquido, así se evitan malestares estomacales.
Aunque era mi primer día, no lo miré con mucho cariño.
- ¿Y con los dientes qué hacemos?
- Y bueno, una cosa u otra -me miró y me regaló una bonita sonrisa inglesa.

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