Hasta hace muy poco asistíamos a la locura mundial que fue la serie Lost, un despropósito televisivo que no hizo más que hundirse en las incógnitas sin sentido que nunca pudo resolver. Si hay un equivalente al cine “pochoclero” en las series de televisión definitivamente tendríamos que hablar de series como Lost: propuestas pobres, sin planificación ni fundamento pero bien sostenidas por un marketing millonario y un montón de seguidores descerebrados.
Del otro lado, bien del otro lado, encontramos series como Breaking Bad. Una historia contundente, real, amarga y graciosa a la vez, pero graciosa en el peor sentido: humor negro y trágico, irónico al máximo. En Breaking Bad no hay cabos sueltos ni misterios por resolver, no hay personajes sin pasado ni historias inexplicables, en Braking Bad hay realidad cruda y dura, una realidad que ofrece más sorpresas y vueltas inesperadas que la historia más delirante de la mayoría de las series de fantasía y supuesto misterio.