Ya lo decían los Mayas hace quien sabe cuantos años: en el 2012 se acaba el mundo. Y ahora lo entiendo, ahora lo veo venir. La República Argentina acaba de convertirse en el primer país de Sudamérica en aprobar una ley que permite casarse a los homosexuales. Es el comienzo del fin más temido.
La nueva ley atenta contra la sagrada familia reverenciada por la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana, y atenta contra los más básicos principios morales y fundamentales del ciudadano argentino que con tanto esfuerzo ha logrado enaltecer nuestra ejemplar sociedad a los niveles más altos, porque ahora la nueva ley permite que los putos se casen y de la noche a la mañana hay que soportar que los desgraciados se crean iguales. ¿Pero dónde más se habrá visto semejante ultraje a la moral y la catadura emblemática que con tantos años de noble esfuerzo hemos logrado alcanzar?